Detrás del uso de animales salvajes en cautividad para producciones cinematográficas, publicitarias y espacios televisivos de entretenimiento, se esconde una vida de maltrato y crueldad.
Dumba ha participado en anuncios para marcas como Pikolín

Detrás del uso de animales salvajes en cautividad para producciones cinematográficas, publicitarias y espacios televisivos de entretenimiento, se esconde una vida de maltrato y crueldad.

El rodaje con animales de una pieza para publicidad, cine, videoclips y televisión no empieza ni termina en el plató. Grabar con animales salvajes implica obtenerlos, entrenarlos, transportarlos y mantenerlos. La verdadera problemática es, a menudo, invisible a primera vista, pero el uso de animales para grabar anuncios o películas tiene graves consecuencias, tanto físicas como psicológicas, para la fauna involucrada.

Elefantes, grandes felinos, primates, osos, cebras, lobos, reptiles, jirafas, leones marinos y otros muchos animales que se utilizan provienen de circos, zoológicos o coleccionistas particulares que se lucran con ello. A la vez, en los últimos años han proliferado empresas dedicadas al entrenamiento y alquiler de animales para filmaciones; algunas tienen denuncias por falta de licencia o por maltrato a los animales.

Entrenamientos violentos para limitar el número de tomas en el plató

La vida en jaulas o en espacios reducidos generalmente sin suficiente enriquecimiento ambiental, no puede satisfacer sus necesidades de bienestar físico o social más básicas. A su vez, el entrenamiento al que son sometidos para que actúen suele basarse en métodos violentos. Richard O’Barry, Sarah Baeckler y Pat Derby, entre otros ex entrenadores, confirman el uso habitual de descargas eléctricas, golpes, collares de castigo, privación de alimento para que el animal actúe por hambre a cambio de comida, limitando así el número de tomas que se pueden rodar con él hasta que se haya saciado.

Durante los entrenamientos, a menudo se relaciona una palabra con un acto violento. Así, cuando en el plató el adiestrador da esa orden, el animal reacciona por miedo al castigo físico. A medida que los animales crecen y los trucos se vuelven más complejos, las tácticas de dominancia en los entrenamientos suelen tornarse aún más agresivas.

Un método frecuentemente utilizado es el llamado “two by four” que implica golpear a los animales de repente, en cualquier momento y sin ningún motivo, incluso mientras están en sus alojamientos. Al no saber cuándo serán agredidos, se mantienen alerta y sumisos ante la presencia de las personas. Este miedo también se aprecia en un animal que está siempre pendiente de su entrenador, algo que los adiestradores suelen explicar indicando que “tienen una relación especial”.

Además, para que los entrenadores puedan “hacer a los animales más suyos”, es práctica habitual separarlos de sus madres a muy temprana edad. Se les cría a biberón para que “hagan la impronta” con su propietario en vez de con su madre biológica y lograr así obediencia.

Además, para interactuar con animales salvajes de manera completamente segura, sus responsables los mutilan (a los grandes felinos se les suele quitar las garras –desungulación– y a los primates se les cortan los colmillos, por ejemplo), los sedan para grabar las escenas más complicadas y recurren al uso de cadenas, precintos o instrumentos de castigo (en el caso de los elefantes por ejemplo, un barrote con gancho de acero denominado Bullhook).

Las empresas de casting de animales necesitan abastecerse de animales que proceden de otras dedicadas a la cría y compraventa de animales para este fin, así como de parques zoológicos, circos y particulares. Algunos incluso, en especial los elefantes, son capturados de su estado salvaje, como las dos elefantas que se utilizan para producciones audiovisuales en España, Dumba y Babaty, que fueron capturadas en su hábitat natural. Algunas de las empresas que proporcionan animales para el sector audiovisual en España suelen autonombrarse “centros de rescate” (a pesar de no contar con las autorizaciones correspondientes ni llevar a cabo el trabajo de un santuario) para justificar su negocio. Dan a entender al público y a la industria que utilizan los animales en producciones audiovisuales en beneficio de los mismos.

Los animales salvajes, incluso los nacidos en cautividad, tienen fuertes instintos y en situaciones de frustración y estrés, son imprevisibles. Esto, unido a su tamaño y fuerza provoca que resulte muy peligroso interactuar con ellos. Son numerosos los casos de animales que han atacado a personas, también a sus cuidadores.

Diversos adiestradores que alegaban tener una relación “única y especial” con sus animales han sido gravemente heridos, o incluso han muerto, atacados por los animales que habían criado desde pequeños, algo que subraya los graves riesgos que esta industria tiene también para los humanos. Entre otros, recordamos el caso de Rocky, el oso pardo protagonista de varias películas estadounidenses que en 2008 mató de un mordisco en el cuello a su entrenador Stephen Miller en las instalaciones de “Predators in Action” al este de Los Ángeles.

Loti y Tarzán, dos chimpancés que tardaron 9 años en superar sus problemas de agorafobia y volver a salir al exterior.

Detrás del uso de animales salvajes en cautividad para producciones cinematográficas, publicitarias y espacios televisivos de entretenimiento, se esconde una vida de maltrato y crueldad.
Loti y Tarzán en el carromato en el vivieron durante años privados de luz

Las condiciones de vida causan traumas y problemas psicológicos de por vida. Loti y Tarzán, dos chimpancés que aparecieron en varias producciones audiovisuales (La Marató de TV3 de 2006, entre otras) y que vivieron varios años en un remolque de camión, son un ejemplo de ello. Cuando fueron rescatados por el Centro de Rescate Rainfer (Madrid) presentaban graves problemas cutáneos (falta de pelo, de color y dermatitis severa), falta de desarrollo músculo-esquelético y graves trastornos psicológicos (apatía profunda, miedo a las personas y agorafobia). No fue hasta 2016, tras 9 años en el centro y muchísimos cuidados, que consiguieron superar por primera vez su miedo al exterior y poner un pie en la tierra del recinto a cielo abierto.

Animales que se desechan al poco tiempo

Llega un momento en que aquellos animales que no han muerto antes de llegar a su edad adulta ya no son rentables o resultan demasiado peligrosos. Entonces son descartados y sus vidas se vuelven, si cabe, más miserables todavía.

Al alcanzar la madurez sexual y el máximo de su fuerza, sus instintos y su tamaño los hace potencialmente muy peligrosos e incluso agresivos. Los animales son de mantenimiento costoso, así que suele resultar necesario encontrarles algún tipo de salida. En la mayoría de los casos son vendidos a zoológicos u otros centros de cautiverio pero también pueden ser utilizados por sus mismos propietarios para la reproducción.

La vida “útil” de muchos de estos animales se limita a unos pocos años. Los chimpancés, por ejemplo, tienen una vida “artística” de unos 8 años pero pueden llegar a vivir hasta los 60.

Sectores con tanta visibilidad como el cine y la televisión deberían dar ejemplo y negarse a utilizar animales en sus producciones. Las nuevas tecnologías demuestran que se puede prescindir de los animales y no sólo permiten realizar trabajos de gran calidad, sino que además conllevan ventajas para la seguridad de las personas. Gracias a las válidas alternativas tecnológicas como los Animatronics, VFX y 3D son cada vez más las producciones exitosas que prescinden del uso de animales como “El origen del Planeta de los Simios” (2011), “Noé” (2014) o “La Leyenda de Tarzán” (2016).

Para más información visita www.adnimalsfree.org

faadaAutora: Carla Cornella, presidenta de FAADA

Bueno y Vegano, mensual gratuito impreso y digital 100% vegano
Publicado en Bueno y Vegano Marzo 2018

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