El olfato es un sentido clave en la evolución y la supervivencia de la especie humana. También es el sentido más relacionado con las emociones. El olor es uno de los principales argumentos que utiliza un consumidor para elegir un producto cosmético. Nadie compra un cosmético, por muy efectivo que sea, si no le gusta su olor. Por eso, el perfume o fragancia es un ingrediente que encontramos en la mayoría de los productos cosméticos y el tipo de fragancia que se utiliza en su elaboración influye mucho en el éxito de la comercialización.

perfume
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Este hecho es una de las principales dificultades con las que se encuentra un fabricante de productos cosméticos cuando ha de modificar su fórmula para que se pueda certificar como natural o ecológico. Si hasta el momento ha usado una fragancia sintética, los consumidores acostumbrados al olor no identifican el producto modificado como «su» producto, les parece otro, aunque solamente haya cambiado este ingrediente.

La industria de la cosmética utiliza el 80% de las fragancias producidas en Europa. Algunas son muy sencillas y basadas en ingredientes naturales como un aceite esencial. Otras son aromas complejos que puede contener hasta 200 ingredientes de los más de 3.000 disponibles en el mercado. Actualmente vivimos bombardeados por esencias. Su volatilidad y capacidad de llegar hasta nosotros por muchas vías las convierte en sustancias muy reactivas y con alta capacidad de provocar una respuesta inmune. Se estima que un tercio de la población en países desarrollados experimenta efectos adversos por las fragancias como dolores de cabeza, afecciones respiratorias, irritaciones de las mucosas y, a la larga, pueden desencadenar asma e incluso Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Cuando se trata de compuestos sintéticos, el cóctel utilizado puede incluso contener sustancias con efecto de disruptor hormonal.

En la perfumería convencional se utilizan, entre otros y especialmente, dos grupos de sustancias peligrosas, o potencialmente peligrosas: son los ésteres de ftalatos, conocidos solamente como ftalatos, y los almizcles sintéticos. Lo mejor sería evitarlos, pero es algo imposible si el fabricante no decide añadir en la etiqueta más información de la que le exige la legislación, ya que en el listado de ingredientes que acompaña a un producto cosmético el perfume se indica bajo un único concepto: Parfum. Este Parfum puede ser un aceite esencial natural o una mezcla de aceites esenciales y otras sustancias de origen natural o un almizcle sintético.

Los aceites esenciales son la principal fuente de perfume en la cosmética ecológica y natural

Un problema muy común de las fragancias es su potencial alergénico. Son comunes las irritaciones de la piel después de entrar en contacto con estas sustancias manifestándose en forma de enrojecimiento, hinchazón y vesículas. Esta irritación también puede producirse en las vías respiratorias. El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Comisión Europa realizó en 2012 una evaluación de las fragancias y detectó 82 sustancias, de las cuales 28 son de origen natural, con efecto alergénico demostrado en humanos. Si se le suman aquellas que se consideran probables alergénicos se llega hasta una lista de 127. Pero actualmente sólo es obligatorio indicar en las etiquetas la presencia de 26 sustancias alergénicas. Los aceites esenciales son la principal fuente de perfume en la cosmética ecológica y natural. Además de su olor, se aprovechan sus propiedades tanto para la conservación del producto, ya que muchos de ellos son antioxidantes, como aquellas que aportan a la persona que los usa: relajantes, estimulantes, antisépticos, etc. Sin embargo, algunas personas son sensibles a ciertas sustancias que incluyen muchos aceites esenciales en su composición. Es el caso del citral, limonene, linalool o el geraniol. Si el aceite esencial las contiene, la legislación obliga a que se incluyan en el listado de ingredientes de la etiqueta del cosmético fabricado con ese aceite.

Pero no todos los cosméticos naturales que contienen estas sustancias aromáticas son iguales. Algunos incluyen un aceite esencial puro o una mezcla de ellos, mientras que algunos fabricantes, para abaratar costes, sólo incluyen la sustancia olfativa (el geraniol, linalool, etc.) de un aceite esencial. Esto podría explicar algunas alergias ya que en varios estudios clínicos se ha demostrado que personas alérgicas al geraniol o al linalool, no mostraron ninguna reacción alérgica al aplicarles un aceite esencial que contenía estos compuestos.

Autora: Montse Escutia, Proyecto Ecoestética

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