Veganismo La solución a la inseguridad alimentaria

Mejorar nuestra alimentación es más que mejorar nuestra salud y nuestra calidad de vida, también puede ser un factor clave para frenar el mayor problema ecológico de nuestro Planeta: el calentamiento global; y la mejor respuesta frente a la inseguridad de la producción alimentaria que nos depara el futuro si seguimos por este mismo camino. La lucha para frenar la llegada del mayor desastre ecológico de la Historia también pasa por mejorar nuestra alimentación.

Dejar de consumir alimentos de origen animal puede mejorar la salud del Planeta, por tanto, mejorar la viabilidad de nuestra existencia como especie (como tantas otras) en el futuro. Los causantes del calentamiento global no son exclusivamente la industria y el transporte, nuestros hábitos alimentarios también tienen un coste ambiental muy notable (cultivos, procesos de elaboración, pasteurización, envases, refrigeración, transporte, cocción…). Las carnes y todos los productos derivados de la explotación animal forman el grupo de alimentos cuyos costes ambientales son mayores porqué el sector ganadero es responsable de la emisión de hasta el 18% de los gases de efecto invernadero. Una investigación cursada durante el 2006 por la Food Agriculture Organization (FAO): Livestock Long Shadow demostró que las actividades ganaderas son responsables de hasta el 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, los cuales causan el calentamiento global y aceleran el cambio climático. Esta afirmación puede resultar extraña, sin embargo, es real. Por un lado, debemos evaluar todas las actividades industriales requeridas por la ganadería de hoy, por otro, que la sobrepoblación de especies domesticadas para el consumo humano provoca la emisión de gases producidos por la concentración de nitrógeno, la acumulación de deshechos, deyecciones y orina evaporada (purines) causan emisiones de gases: óxido nitroso (N2O) y amoníaco (NH2), ambos muy tóxicos. El 68% de las emisiones globales de amoníaco proceden exclusivamente del sector ganadero. En países como el nuestro hay regiones muy castigadas por los vertimientos de purines, lo cual pone en riesgo la salubridad del agua de boca de muchas poblaciones. Y otro problema: el ganado rumiante: bóvidos y ovicaprinos expulsan grandes cantidades de gas metano producido en sus cuatro estómagos, tras efectuar su complejo proceso digestivo. Todos estos gases son más perjudiciales que el CO2.

El 68% de las emisiones globales de amoníaco proceden exclusivamente del sector ganadero

Si Thomas Malthus estuviera vivo en el presente, observaría que hoy la competición por los alimentos escasos no se da entre seres humanos, sino entre seres humanos y animales considerados de “abasto” pues comen más cantidad de cereales y soja los animales confinados en explotaciones ganaderas que todos los seres humanos del mundo juntos. Y, además, Malthus nos diría que la producción de carne no es “rentable” en términos de balance de recursos (tierra, agua, calorías vegetales). Para producir un kilogramo de carne roja, el bóvido debe consumir previamente una media de diez quilos de proteína vegetal. El porcino cuatro y las aves entre dos y tres. El consumo cárnico de países como el nuestro ha conllevado que el 78% del total de los cultivos globales (lo que equivale al 33% de la superficie terrestre del Planeta) se destine a la fabricación de piensos y forrajes para engorde de ganado. Si la demanda de carne no fuera tan disparatada, no sería necesario criar a millones de animales, por tanto, tampoco sería necesario alimentarles, y los cultivos que se destinan a la fabricación de piensos podrían destinarse directamente al consumo humano y erradicar así el problema de los 850 millones de seres humanos mal nutridos; pero, es más, ni tan sólo sería necesario el empleo de tanta superficie de tierra para cultivar, ya que se podría alimentar a todo el mundo cultivando mucho menos.

La lucha para frenar la llegada del mayor desastre ecológico de la Historia también pasa por mejorar nuestra alimentación

En el continente europeo no disponemos de grandes extensiones para generar tales cantidades de materia prima necesaria para transformar en piensos para cebar a tanto ganado.

Las industrias ganaderas ceban a los animales con piensos proteicos los cuales se elaboran a base de harina de soja (en su mayoría transgénica), harina de maíz o harina de pescado. Por su alto valor proteico y su coste menor, la harina de soja se ha convertido en la principal materia prima para la fabricación de piensos, un producto cuya demanda es altísima, pues la demanda de carne también. Por tanto, esto se traduce en que es necesario importar soja que en su mayor cantidad procede de Brasil, Argentina, Paraguay y EEUU. Cada año, toneladas de soja viajan de América a Europa a través del transporte marítimo, el más contaminante. El funcionamiento de nuestro sistema de producción cárnica tiene una dependencia vital del transporte de mercancías transoceánico, lo que conlleva una gran cantidad de emisiones de CO2 que se dejan en el camino.

Veganismo. La solución a la inseguridad alimentaria

La producción masiva de carne obtenida de la crianza de ganado confinado en granjas industriales es uno de los métodos más insostenibles y nocivos para planificar y garantizar la alimentación de la población humana, ya que los costes ambientales derivados de la ganadería industrial son hasta diez veces mayores que los de la agricultura y comprometen la seguridad de la producción alimentaria del futuro, pues se contaminan con purines los ecosistemas acuáticos, los recursos hídricos subterráneos así como destruyen el suelo fértil con alta presencia de nitratos. Alimentar a tanto ganado conlleva una dependencia vital del transporte intercontinental.

Nuestro Planeta puede alimentarnos a todas, pero no a cualquier precio. Lo cierto es que pretender que los siete mil millones de seres humanos que compartimos el Planeta Tierra podamos acceder al mismo nivel de consumo diario de productos de origen animal, supondría un auténtico déficit en tierras y agua, ya que no existe superficie cultivable suficiente para generar materia prima para alimentar a tanto ganado. Frenar el consumo de carne es frenar la demanda de tierras, lo que se traduce en frenar el problema de la deforestación. Reducir la ganadería significa reducir los campos destinados a cultivos de forrajes y recuperar tierras para masa forestal. Este también puede ser el primer paso para empezar la supresión de los cultivos transgénicos (que garantizar una mayor productividad) y recuperar sistemas de agricultura tradicionales y ganar en calidad. Además, permitiría que millones de toneladas de cereales destinadas a forrajes fueran destinadas directamente al consumo humano sin necesidad de utilizar cantidades disparatadas de agroquímicos.

Los desequilibrios ocasionados por los excesos de la carne, nos permiten afirmar que un vegano además de respetar la vida de todas las especies es un activista en defensa de nuestro Planeta, un combatiente contra el calentamiento global y un defensor de los Derechos de aquellas personas que sufren enfermedades provocadas por la malnutrición.

El veganismo no es una dieta, es el respeto por la vida, una respuesta a las injusticias que causan muertes y comprometen nuestra seguridad alimentaria del presente y del futuro.

Autora: Helena Escoda Casas, Licenciada en Historia (UAB)

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Publicado en Bueno y Vegano Abril 2018

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