niños veganos revolución

No existe, por ahora, un censo de veganos que nos pueda arrojar cifras certeras acerca del crecimiento de este estilo de vida en los últimos años. Pero sí podemos guiarnos por algunos indicadores que nos dan pistas bastante fiables.

Por ejemplo, si analizamos las búsquedas en google, veremos que el gráfico asciende vertiginosamente con respecto a términos como “vegano”, “veganismo” o “recetas veganas”. Otra forma de calibrar la dimensión de este auge, sería en función de los nuevos establecimientos inaugurados recientemente. Según aplicaciones como Happy Cow, en los últimos 6 años han surgido unas 1065 opciones nuevas, en su mayoría tiendas especializadas y restaurantes. Por último también podemos contar con los datos reflejados en una encuesta bastante actual, realizada por la consultora Lantern. Según los resultados, un 7, 8% de la población española, es vegetariana o vegana. Una cifra, que seguirá aumentando con el tiempo.

Una porción importante de este porcentaje de veggies, engloba a un grupo de personas que, por rango de edad, son padres de niños todavía pequeños. Estos niños, a su vez, forman parte de una nueva generación, que será la que abra camino a todos los que les sigan. Y es que el veganismo, como movimiento social, ha cobrado fuerza en la última década de una forma asombrosa en España. Aún nos queda mucho trayecto para alcanzar el nivel de compromiso de otros países de Europa o de los Estados Unidos. Pero vamos por el buen camino.

Pero, ¿a qué dificultades se enfrentan estos nuevos “veganos de nacimiento”? ¿Y sus madres?

La nutrición es una rama de la ciencia que por desgracia, está llena de amateurs. Es habitual que la gente opine sobre temas nutricionales como jamás se atreverían a hacer con la cardiología, por poner un ejemplo. Incluso en el sector de la medicina, cualquier profesional se aventura a dar pautas de alimentación, aunque no sea su campo de especialidad ni se haya leído los papers más actualizados. Así las cosas, no es raro que personal médico sin suficiente cualificación en el tema, alarmen a las mujeres embarazadas, que desean continuar con su alimentación 100% vegetal también en esta etapa de sus vidas. Sin embargo, este tipo de dieta está avalado por distintos organismos y asociaciones internacionales, que aseguran que una alimentación vegana es adecuada en cualquier edad, incluyendo los periodos de embarazo y lactancia. Lo único que se recomienda es que esté correctamente planteada.

Una vez llegado el bebé al mundo, los progenitores se verán en la obligación de explicar a su familia que su retoño va a ser criado de forma vegana. No siempre es bien aceptado, ya que el veganismo todavía está envuelto en una nube de prejuicios basados en la ignorancia. Los reproches más habituales suelen ser que el niño va a tener carencias, que va a sentirse marginado, que no va a poder disfrutar plenamente de los placeres de la vida o que se le está imponiendo una ideología que además, consideran restrictiva.

Ante tal bombardeo de críticas y comentarios negativos, muchas madres y padres, sienten que su confianza se debilita y deciden optar por una dieta convencional que sí tenga el beneplácito de su pediatra y médico de cabecera. Porque el sistema sanitario, a día de hoy, en España, no ofrece ningún apoyo a las familias que han optado por no consumir productos de origen animal. A pesar de esto, comienzan a surgir proyectos como el de mipediatravegetariano.com, que pretende espantar los miedos y las dudas con respecto a alimentación de los más pequeños.

La opción vegana, además de ser más saludable, implica un compromiso moral con el planeta y sus habitantes

Realmente, la cuestión nutricional no plantea demasiados problemas. Además los niños veganos suelen desarrollar una mayor capacidad para saborear y disfrutar alimentos naturales, frescos y sin procesar. Las verdaderas dificultades de las familias con niños veganos, son las que surgen en el aspecto social. El argumento de que criar a un niño es una imposición, poco menos que tiránica, es uno de los más trillados. Obviamente, madres y padres educan a sus hijos transmitiéndole sus propios valores. Es un fenómeno curioso que no se acuse de adoctrinar a sus pequeños, a aquellas familias que sí consumen productos de origen animal. Un niño no tiene capacidad para decidir qué es lo mejor para su bienestar, así que sus padres deben ser quienes decidan por ellos, según sus propios criterios.  La opción vegana, además de ser más saludable, implica un compromiso moral con el planeta y sus habitantes. Los niños veganos desarrollan mejor su empatía, son más solidarios y aprenden rápidamente que la alimentación es algo que se elige con la cabeza y no con el paladar.

Los colegios, a día de hoy tampoco están muy adaptados a los tipos de alimentación “no estándar”, sobre todo los públicos. Por el momento, la mayoría de los comedores escolares solo ofrecen una opción general para todos los alumnos.  En otros casos, se admite una modificación presentando un certificado médico o justificando motivos religiosos. Como los niños veganos no lo son por enfermedad ni por religión, están totalmente excluidos de esas opciones.

Algunas escuelas de ámbito privado o de metodologías pedagógicas alternativas como Montessori, sí que están más abiertas a apostar por un catering en el que los productos vegetales sean los protagonistas. También algunos colegios públicos del País Vasco han comenzado, hace unos años, a introducir esta opción en sus comedores.

Cada vez hay más demanda, es verdad, y esto contribuye a que la opción vegana esté más normalizada. Pero en aquellas escuelas donde no se ponen objeciones, no suele existir un menú específico para ellos. Los niños veganos comerán el mismo plato que los demás, pero sin la carne o el pescado. Puede que en algunos casos, el personal del colegio o el equipo de cocina, decida colaborar ofreciendo al niño alguna alternativa más completa. Pero la realidad es que los niños veganos que no tienen más remedio que hacer uso del comedor escolar, terminan comiendo poco más que arroz, pasta, patatas y alguna verdura esporádica. Muchos padres, para evitar esta situación intentan organizar su vida y sus obligaciones de manera que los pequeños puedan comer en casa. Pero muy a menudo, los horarios son incompatibles y esto no es posible. En estos casos, se deberán compensar estas comidas escolares, con desayunos, meriendas y cenas que les aporten todos los nutrientes que su organismo necesita.

Casi todos los veganos han escogido este camino por motivaciones éticas

Su planteamiento de vida les lleva a rechazar la discriminación especista que sufren los animales en prácticamente todos los ámbitos de las sociedades humanas. Por eso, aún solventado el tema de la alimentación, deberán enfrentarse a programas educativos que mantienen una visión del mundo arraigada en el especismo. Solamente hay que echarle un vistazo a los libros de texto de primaria, donde se enseñan los beneficios de la explotación ganadera. No se les habla de la capacidad de sentir de los animales, ni de igualdad o de respeto. Tampoco se les cuenta nada sobre la penosa situación que viven en las granjas o cómo se realizan las ejecuciones en los mataderos. Los niños comen nuggets o milanesas sin saber qué son en realidad. Y así, poco a poco, dando a los pequeños una información sesgada y tergiversada, y apoyada por los medios y las grandes campañas publicitarias, es como se crea un adulto engañado, ignorante y empecinado en no reconocer una verdad que duele.

El veganismo todavía está envuelto en una nube de prejuicios basados en la ignorancia

La sociedad está cambiando a una velocidad vertiginosa. Queremos ser optimistas y pensar que la evolución lógica del ser humano, tiende a procurar el bienestar de todos los habitantes del planeta. Los niños de hoy, o mejor, los padres de hoy, son nuestra esperanza.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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Bueno y Vegano Enero 2018

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