El Hogar Animal Sanctuary, pionero y ejemplo de amor

La primera vez que acaricié a un cerdo me quedé absolutamente impresionada. Era de un tamaño que me pareció descomunal, con el cuerpo cubierto de largas crines y una sensibilidad a las caricias que me enamoró por completo y para siempre.

En mi siguiente visita llevé conmigo uno de esos cepillos de ducha, que compré en un bazar con el propósito de masajear mejor aquel enorme cuerpo. Quería volver a escuchar sus gruñidos de agradecimiento y verle retozar de nuevo en la paja mostrándome la tripa. Yo ya había visto cerdos antes, pues procedo de una zona rural donde es habitual que las familias críen un cerdo al año para matarlo en San Martín. Pero mi mirada pasaba por ellos rápidamente y con cobardía. Me daba miedo toparme con sus ojos y tener que afrontar la ignominia y la vergüenza de la traición de mi especie. Por eso, cuando estuve frente a frente ante un cerdo rescatado, tocando sus mofletes y dejando que su hocico me reconociese, me permití adentrarme en sus ojos claros y hacer una conexión de amistad.

Todo esto ocurría en torno a 2010, cuando El Hogar de Luci (hoy El Hogar Animal Sanctuary) comenzaba a crecer como refugio multi especie en Madrid. No había en todo el Estado español ningún lugar como aquel: ovejas, cabras, cerdos, conejos, gallinas, patos, gatos y perros conviviendo juntos en armonía. Detrás de aquel pequeño paraíso, se encontraba una mujer, Elena Tova. Su vocación de cuidadora ya despuntaba en la tierna infancia, cuando recogía caracoles heridos o aves caídas del nido. Y comenzó a resultar más que evidente aquellos días en los que aparecía por la oficina con algún animal recién rescatado que necesitaba atenciones especiales. Así que Elena tomó una decisión que cambiaría la vida de muchos, y dejó un trabajo estable y bien remunerado para fundar El Hogar de Luci.

Dos personas definieron el rumbo de la asociación. La primera fue la propia Luci, una pequeña perra que estaba destinada a morir sola en un chenil de la perrera. Era mayor y estaba enferma y sus posibilidades de ser adoptada eran nulas. Pero, contra todo pronóstico, fue rescatada y, aunque solo pudo disfrutar durante unas semanas del amor y la calidez de una familia, marcó el primer objetivo de El Hogar: ayudar a aquellos a los que nadie quiere. Y así se abrieron las puertas a animales enfermos, ancianos o con alguna discapacidad. La otra persona fue Benito, un cerdo, que por diversas circunstancias acabó en una perrera local. Su historia dejaba patente la necesidad de crear un espacio para acoger a animales de este tipo.

La cruda realidad es que el abandono no solo afecta a animales de compañía

Las urgencias relativas a las especies conocidas como animales de granja, eran constantes, y representaban un problema social que había que enfrentar de alguna manera. Y así se inició la andadura del primer santuario del país.

Los comienzos son siempre muy difíciles y más en un proyecto de estas características, que requiere de un equipo de voluntarios y mucho trabajo físico. Pero la ilusión y las ganas de ayudar a los animales, son motores muy potentes. Las instalaciones comenzaron a llenarse de gallinas, muchas de las cuales llegaban esqueléticas y desplumadas por completo, y literalmente, tenían que volver a aprender a caminar. Llegaron ovejas, que una vez vencida su timidez inicial, se animaron a pedir, lo más escandalosamente posible, su ración de alfalfa a la hora de la cena. Llegaron huérfanos de varias especies que crecieron bajo la protección y la atenta mirada de todos. Llegaron cerdos de distintas razas y mostraron tener un carácter orgulloso aunque muy agradecido. También los patos, que son dicharacheros y alegres, y para quienes hubo que construir un estaque. Y las ocas, liberadas de la tortura del foie-gras, que siempre van en grupo y son aves territoriales por lo que rápidamente se adjudicaron el puesto de jefas de seguridad del santuario.

Pero no todo es tan idílico como parece y pronto la asociación se dio de bruces con un escollo insalvable y que a día de hoy es la principal dificultad de todos los santuarios.

Los animales que se crían en granjas son el fruto de una manipulación genética extrema

Generación tras generación, se han ido seleccionando a los individuos con las características físicas que aseguran una mayor productividad económica. El resultado son malformaciones y organismos enfermos incompatibles con la salud e incluso con la vida.

El Hogar Animal Sanctuary, pionero y ejemplo de amor

La situación de las gallinas y los pollos broiler es terriblemente dramática. Ellas han sido diseñadas para poner huevos a un ritmo antinatural, lo que acaba destrozando su aparato reproductor. En torno a los dos años, y sin excepción, comienzan a sufrir prolapsos dolorosísimos por huevos atascados. El pronóstico es grave y pocas sobreviven. La única solución para proporcionarles una vida feliz y sana, es la castración. El Hogar tuvo que iniciar un largo periplo de investigación y búsqueda hasta dar con un veterinario que accediese a hacer una operación semejante. El caso de los pollos broiler (los que se usan para consumo) es igual de trágico.  Su metabolismo es una trampa mortal que les hace engordar rápidamente y de manera desproporcionada. En poco más de un mes de vida, ya han alcanzado el peso comercial y están listos para ser sacrificados. Esta obesidad les provoca problemas cardíacos y óseos, roturas de huesos y dolores terribles en las patas. El Hogar, de nuevo, tuvo que indagar de forma autodidacta para aprender a construir sillas de ruedas especiales para aves. Otro caso relevante es el de Félix, un carnero que llegó con heridas gravísimas provocadas por el ataque de varios perros. Durante su larga convalecencia perdió la movilidad de las articulaciones en sus patas delanteras y hubo que idear para él una camilla especial para sus terapias de rehabilitación y sus curas. Conseguir unas prótesis que se adaptasen a lo que él necesitaba fue otra pequeña odisea.

La esperanza de vida de los animales en la industria ganadera es muy breve, ya que son sacrificados en cuanto dejan de producir al nivel exigido, o cuando adquieren el peso estipulado para su venta. Esto significa que un santuario ha de enfrentar problemas para los cuales los veterinarios no están preparados, lo que evidencia la existencia de un enorme vacío moral que repercute incluso en el área de la ciencia. Muchos de los animales acogidos por los santuarios, desarrollarán enfermedades que desconcertarán al colectivo veterinario. Como los problemas cardíacos y circulatorios de los cerdos adultos, o los dolores de artrosis de los caballos ancianos. Pero entendemos que la evolución social consiste en adquirir conocimientos para ofrecer el máximo bienestar a todos los ciudadanos. Incluyendo a los animales de cualquier especie.

Pero el propósito de un santuario como El Hogar Animal Sanctuary, que ahora mismo se ubica en Tarragona, no es solamente la recuperación de individuos víctimas del maltrato. La concienciación y la educación es otra de sus labores fundamentales. Se pretende, a través de la historia de cada individuo rescatado, despertar un sentimiento de comprensión y empatía. Solo así se puede llegar a erradicar la barrera psicológica, basada en el prejuicio y el desconocimiento, que separa al ser humano de los demás animales. Solo conociéndoles en primera persona, podemos desaprender para construirnos de nuevo, esta vez con una perspectiva más amplia y una capacidad de compasión que abarque a todos los animales. Tratar con ellos de igual a igual supone para muchas personas un derrumbe de los cimientos en los que se sostienen todas las ideas especistas. Porque realmente no somos tan diferentes.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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Bueno y Vegano Diciembre 2017

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